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Resiliencia de mamá

¿Qué escribe una hija sobreviviente de cáncer a su madre? ¿Cómo agradecerle su amor en esta fecha?

En este mes de Mayo en el que la mayoría pensamos en nuestras madres y las celebramos; me vienen a la mente tantos momentos en los que me ha entregado su tiempo y amor a lo largo de la vida. De alguna manera ahora la llego a entender mejor por el paso de los años y por también yo ser mamá, y confirmo… “Daría todo por mi hija”.


Mi mamá es muy sabia y es un ejemplo de amor, trabajo, sacrificio y entrega en diversos momentos desde cargarme en su vientre... ¿Cómo no me podría superar? Lo que soy y ven en mí, también viene aprendido de ella., mi gran maestra. Ella es mi enseñanza a sacar fuerzas, cariño a los demás y a mí misma. Además de la compasión, también aprendí la resiliencia.


Mi mamá es una de las razones primordiales de mi superación y trascendencia en mi proceso del Cáncer Cerebral. Literalmente me acompañó sin dudar y desde el primer momento que pudo estar conmigo., en mis malestares, al saber que no me sentía bien y el diagnóstico, en el apoyo a buscar opciones de cirugía y tratamiento, en avisar a otros familiares y amiga(o)s, en informarme, etc; y hasta el presente.


Después de haber decidido sobre la operación (entre las opciones elegí a mi Neurocirujano y operarme en Mty) junto a mi marido. Me internaron en urgencias para estudios antes de la cirugía programada para el 9 de julio del 2013. Al día siguiente, le dije a mi mamá...


“mami te quiero pedir algo... yo se que has acompañado a mucha gente, te voy a pedir que me acompañes”... E inmediatamente contestó, “no necesitas decírmelo chiqui, aquí estoy ”.

Muchas veces podía expresarme con ella y a pesar de su dolor., su escucha, apoyo, respeto y su presencia fue y sigue siendo infinita buscando hacerme sentir que todo está bien. Su vida también fue movida/ afectada, y daba vueltas por la situación y tantos diferentes momentos que la hacían vivir el miedo, impotencia, incertidumbre, desesperación y tristeza., pero ella había decidido guardarse todos sus sentimientos negativos por mí y aferrarse a la “esperanza”, ... y eso es lo que me transmitía.


Pasaban días y meses muy difíciles con esta crisis.

Regresé a mi casa después de una semana de la cirugía y después de otra semana de sólo querer descansar y dormir me acompañó a checarme y me hicieron otra resonancia, había líquido en la cabeza y me operaron de nuevo para drenarlo.


Después tuve que irme por un par de meses a vivir en Houston y se quedó mi mamá a vivir conmigo para que mi marido y mi papá pudieran seguir trabajando y cuidar a Ana Cris. Allá comencé tratamientos diarios de radiaciones, y también sufrí de una deshidratación grave en la que recuerdo temblaba y con frío a pesar de las 20 colchas calientes y que mis labios y lengua estaban pegados; y se tuvo que quedar a mi lado poniendo y dándome hielito molido. Por más que trate de ponerme en sus zapatos, no llego a visualizar la imagen de su hija tan enferma y su preocupación.


Mi mamá ciertamente dice “me dediqué a velar su sueño, a ver que estuviera cómoda, a consentirla en todo lo que pudiera... a abrazarla cuántas veces fuera necesario...” palabras increíbles.


En las últimas tres semanas tuvimos la bendición de que me llevaran a mi hija de apenas un año y meses, quien nos alivianó el rato con su luz.

Mi mamá estuvo en mis altas y bajas; un día compartió unas palabras conmovedoras en su escrito de su testimonio como mamá de una hija que sufrió Cáncer Cerebral:


“Desde mi cama podía verla, noches enteras velé su sueño...su silencio fue mi silencio.... ”

Muchas veces callamos lo que pensamos porque no es fácil expresarnos en el momento, pero pienso que hay que hacerlo en ese instante o más seguido porque todo pasa. Tenemos el presente, pero no sabemos si exista el después. La mayor parte del tiempo callamos por nuestros propios miedos, vergüenzas, culpas o dudas con nuestra auto exigencia y ante la percepción externa. Hay cosas de otros que nos preocupan y nos limitan, pero que no vale la pena hacerlas propias ya que no lo podemos controlar por ser externo., mas sí lo podemos hacer con nuestras propias vivencias y emociones. Así que ahora escribiendo y reflexionando un poco sobre la existencia de mi mamá en mí, me llena de gratitud tenerla y decirles lo mucho que significa.


Mi mamá; es, está, me apoya, me cuida, me ayuda a buscar la manera, me conoce, me acompaña, me inspira, me respeta, llora conmigo, es mi aliada, mi cómplice…me tranquiliza y da fortaleza y seguridad.

A veces es inexplicable y a la vez maravillosa su manera de compartir conmigo mis lágrimas y mis triunfos.


Gracias mamá porque contigo y Dios todo lo puedo.


Gracias y felicidades también a todas las mamás porque seguramente encajan en muchas de estas cualidades y también están para sus hij@s, familiares y demás seres queridos.



Conoce a Ana Cristina Sánchez

Graduada de Estudios de Psicología Organizacional en el 2007 del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.

Certificada de estudios de Diplomado en Tanatología en el 2019 de la Fundación Elizabeth Kübler-Ross - en convenio con el Tecnológico de Monterrey.

Pintora (www.cristys.com); me he dedicado a este arte después del Cáncer., así como a la Fundación para el apoyo al cáncer cerebral (Fundación AlcanC: www.alcanc.org)




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